Gracias a un producto tan básico como es el pan, mucha gente ha mantenido un nexo de unión con cómo era su vida antes de la pandemia. Esa sensación de pequeña normalidad que da el venir cada mañana a comprar su barra, su hogaza, su bizcocho o sus magdalenas.

En los días siguientes al decreto de estado de alarma, cuando más duras se hicieron las restricciones y más incertidumbre había, era reconfortante ver como nuestros clientes salían a por su pedazo de antigua rutina. Eso sí, esperando en la fila con sus 2 metros de separación y sus medidas de protección individual, pero contentos por poder seguir realizando algo tan normal como es comprar en su panadería de barrio.

Porque no hay nada más normal que comprar y comer pan, gracias por haber seguido confiando en nuestro obrador. ¡Gracias por esas sonrisas y esos ánimos, todos estos días!

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